martes 3 de enero de 2012

REGALO ANTES DE MORIR


Todos vestidos de negro y rojo. Los pelos largos, canosos.
 Mujeres y hombres, todos por igual. Es difícil distinguir quién es quién. Creo, están  vestidos a posta para la ocasión.
Se me ocurre que parecen un grupo de etarras, menos mal que sin armas, pero, no son vascos.
Cantando canciones independentistas, en medio de villancicos, propios y tradicionales.
Nunca me han gustado los villancicos.
 Hoy menos, parecen los cánticos del funeral, como si ella estuviera dentro la caja presidiendo el concierto. Sólo que aun no ha muerto.
Es hueso, piel, arrugas, cáncer, y blanco todo, piel, pelo. Transparentemente blanco. Ojos hundidos.
Se sabe de la mano de la muerte.
Esto es un regalo, de su hijo. Ese hijo extraño de pelo largo, vestido rojo y negro, que canta en el coro.
Un escalofrío glacial, me recorre el cuerpo.
No me dan ganas de llorar. No me une nada a esa enferma mujer, más que respeto. Me enseñó ortografía cuando era niña.
Pero  estoy aquí sentada, en una  silla plegable,  como ella, en este teatrillo  inhóspito, de  un  bar, de un  pueblo perdido entre las montañas, en el fin del mundo.
Las voces son geniales. No lo puedo negar. Inundan el lugar, llenan el local, llenan las maletas viejas de Rosario, para que se las lleve al otro mundo.
La música, las voces, me golpean el cerebro, las entrañas, las tripas. Es el réquiem de un funeral.
Un regalo extraño…un regalo de reyes, antes de morir.

domingo 25 de diciembre de 2011

EL HAYEDO



En mi pequeña ciudad pueblerina hay un maravilloso bosque de hayas. Acostumbrada a verlo a diario, la gente de la región no nos damos cuenta a veces de la gran belleza que esconde. Es aquello que nos pasa a todos, que valoramos más lo de fuera, que lo que tenemos en casa.
Pero en cambio los forasteros sí lo aprecian enseguida. Incluso Fernando Trueba lo dijo, rodando aquí su última película. “No sabéis el tesoro que tenéis”, y si lo dice Trueba…quizás habrá que creerlo... ¿no?
Y es que en ese bosque de majestuosos árboles de hoja caduca habitan entre otros unos pequeños seres mágicos. Algunos los llaman luciérnagas, pero puedo deciros ciertamente que en realidad son pequeñas hadas de luz. Que como en los cuentos infantiles tienen poderes y retienen en su interior parte de los rayos del sol.
A mí me gusta pasearme por el hayedo, en esos días navideños, cuando el frío y la melancolía se hace tan espesa como la niebla que cubre todo el valle, y se cuela entre los árboles. Al atardecer o incluso a primera hora de la mañana. Oír el ruido de las hojas húmedas bajo mis botas, y el crujir de las ramitas sueltas del suelo.
Respirar hondo. Llenar los pulmones, abrir bien el pecho, sentir latir el corazón, porque el alma puede ver lo que los ojos se pierden.
“Los que sueñan de día comprenden todo lo que se les escapa a los que sólo sueñan de noche” (Edgar Allan Poe).
Cuenta la leyenda que en  uno de los troncos más viejos del hayedo, hay una pequeña puerta apenas visible, toda cubierta de musgo. Es la entrada a un hermoso palacio escondite, donde viven una colonia de hadas de luz. Cada noche todas las luciérnagas encienden sus farolillos y felices salen a volar. Surcando el cielo en toda su inmensidad, con hermosos dibujos luminosos, bailan, ríen, se cogen de las manos y vuelan, vuelan, cada vez más alto y más rápido. Ofreciendo un precioso espectáculo de luz y color.
Todas menos una. Hay una pequeña hada solitaria que se llama como yo, Marcelina, que nunca quiere salir a volar con sus hermanas. Dice que no sabe volar, y que su luz apenas brilla. ¿Así que para que perder el tiempo?
El miedo la retiene. Y triste cada noche mira des del tronco como sus hermanas esparcen su magia por el cielo, viven y se divierten mientras ella se queda sola.
En el Hayedo vive también otro ser majestuoso, y mágico. El Búho.
Una noche se acercó a Marcelina y le preguntó que porque no salía a volar.
“-No quiero” dijo ella. –“No tengo ganas, no se volar, lo hago muy mal, y además mira mi farolillo que pequeño es” “Y encima esta tonta de la Luna, siempre tan espectacular, tan maravillosa. ¿Cómo voy a salir con esa mierda en el culo? Ni siquiera se ve”
-“Oye mi pequeña amiga”, dijo el Búho, “Tienes razón la Luna brilla mucho, pero no siempre lo hace igual. ¿Sabes?”
-“¿A no?”
“Pues no. Hay días en que es redonda esplendorosa, como un gran faro en la oscuridad, pero hay otros en que se hace pequeña, hasta desaparecer. Entonces las luces que  más se ven en el cielo son las vuestras. Porqué son mágicas, y las más cercanas”
Y así fue como Marcelina al día siguiente se atrevió a salir a volar con sus hermanas y encendió su luz, y comprendió que la suya aunque pequeña brillaba siempre igual.

-” ¡Que guay mami! , ¡otro, cuéntame otro!
-“No mi amor, otro día, ahora a dormir.”
Marcela le dio un beso, y la niña se quedó tranquila cerró los ojos y se durmió.
Y Marcela se quedó sentada un rato más en la cama, pensando que quizás, tenía que ir a pasear más a menudo al bosque de las hayas, y apreciar su belleza,  como dice Trueba. Y  encontrar al Búho.
Entonces se levantó, fue y desenchufó la estrella y las luces de navidad del balcón, antes de irse a la cama ella también.




miércoles 7 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

mirambella

En mi pequeña ciudad pueblerina ha llegado definitivamente la niebla, y el hada de los hielos. Una espesa niebla deja la ciudad cada día encapotada, y en las callejuelas se cuela la humedad.

De todas las actividades programadas para estas navidades, destaca la posibilidad de ir a patinar sobre hielo en la misma plaza mayor. Y es que a pesar de que es una moda extendida, nuestro alcalde se la ha apropiado como propia, y  dice que, quiere que la gente se dé cuenta de que la pequeña ciudad cenicienta (eso lo escribió un amigo, y me gustó, con tu permiso…) es atractiva, y merece la pena dar un paseo por ella.

Cuando la reina de los hielos vuela por esas latitudes, los pueblerinos nos liamos la bufanda al cuello, y nos protegemos el corazón de los posibles cristales rotos que ésta ha esparcido por allí. Y miramos las luces navideñas, escuchamos los villancicos de los megáfonos y adornamos nuestras casas con luces de colores, para espantar fríos y tristezas.

Y a pesar de que no corren buenos tiempos como cada año por costumbre, porque toca, o porque lo sentimos de verdad, nos deseamos los unos a los otros feliz navidad.

domingo 27 de noviembre de 2011

ESCONDIDA




Escondida tras las puertas.
Escondida, ante la huida infinita del tiempo. Pasado, presente, futuro, se enlazan, como la vida y la muerte, se atrapan y se huyen.  Es el abismo.

martes 8 de noviembre de 2011

TECLAS DE AMOR


Miguel fumaba pausadamente su cigarrillo, echado en la cama.
No fumaba a menudo, así que cuando lo hacía, aspiraba fuertemente el sabor a tabaco mezclado con la hierba, dejando que el papel se quemara hasta casi alcanzarle la yema de los dedos.
Escuchó entonces, los primeros acordes del piano. La música sonaba dulce, se colaba bajo las puertas Y llenaba toda la casa, como la mezcla enturbiaba su mente.
Todos deseamos lo mismo: vida. Y sin embargo aceptamos la mayor parte del tiempo un estado de relativa infelicidad, sin movernos, sin hacer nada, como si fuese una obligación.
Miguel dejó que el cigarrillo se apagara en el cenicero e instintivamente sus pasos le llevaron hasta el salón.
Sintió una fuerte sacudida al volverla a ver.
Estuviese donde estuviese, estuviese con quien estuviese, le bastaba cerrar los ojos, para verse acurrucado junto a ella.
Le gustaba susurrarle cosas, sus risas, su complicidad. Pero, y sobre todo, le gustaba que le deseara, hasta el desgarro.
Ella estaba de espaldas. Marcela tocaba el piano. Desnuda.
¡Que espléndida se mostraba!
Ella lo cambió todo.
Su piel perfumada estaba húmeda aun.
Miguel se acercó lento, por detrás. Y como alas que ondulan al ritmo del deseo, sus brazos le rodearon el cuerpo  y la piel desnuda.
Por sus manos pasión. Aire contenido que emerge en cada respiración, y por la punta de los dedos. Por la presión que se ejerce sobre la piel. Esas ganas de meter las manos dentro, y tocar el alma.
Marcela se estremeció.
Las suyas seguían acariciando las teclas,  y la música cantaba el amor desterrado.
Los miedos de todas maneras van y retornan. La piel es un poderoso argumento, a veces, parece, más que el amor.
Entonces paró, y la música calló. Ella giró la cabeza, y le sonrió.
Sus bocas se juntaron. Se unieron con ansiedad, abundantes de placer. El de los que ya saben lo que son. Un beso por el hecho de estar juntos.
Recorriendo con la lengua todos los miedos, y toda voluntad. Mordisqueando, absorbiendo silencios. Pegándose sus cuerpos.
Marcela dejó que el suceso le penetrara. Le acariciaba y le apretaba fuerte en la memoria, para guardarse el recuerdo.
Abrazado, su cuerpo desnudo, sintió volver esa emoción que creía ya agotada.
Mientras, fuera caía la lluvia, cada vez con más intensidad…
 

miércoles 26 de octubre de 2011

HOJAS SECAS



Marcela abre
la ventana. Y aunque parece que éste año se resiste a llegar, por las mañanas,
a eso de las seis, un aire fresquito y otoñal se cuela dentro y le eriza la
piel. Marcela acaba de salir de la cama…calentita. Le encanta esa sensación de frío, como una caricia.
En su
pequeña ciudad pueblerina a veces el tiempo parece que se ha detenido. El
silencio inunda el barrio a esas horas, y se huele la hierba y la tierra
mojada.
Ha vuelto a
olvidar el coche fuera. Estará empañado, frío. Hay que lavarlo, huele a sucio.

Marcela se
enamoro de Miguel, en cuanto hablaron. De eso hace demasiado tiempo. Fueron sus
palabras, su descaro, se enganchó a él.
Era como
coquetear con la locura, irresistible. Era ingénua , quedó desarmada.

El otoño…, quizás un mensaje, una foto…la hacían
recordar su locura. Era como volver a vivir, cómo volver a sentir. Era una
trampa, una melancolía engañosa, de la que ha veces, por unos instantes, aun no
había sabido salir. A veces le llenaba los poros de la piel, nubes, música
envenenada.
En la cabeza
una canción que una vez, escuchó, leyó, robó y se quedó para sí:

“CANCIÓN PARA FRANQUEAR LA SOMBRA
Un día nos veremos
al otro lado de la sombra del sueño.
Vendrán a ti mis ojos y mis manos
y estarás y estaremos
como si siempre hubiéramos estado
al otro lado de la sombra del sueño”


Si alguien
decide no quererte no hay nada, absolutamente nada que puedas hacer, o decir
para que te quiera.

Como el otoño, el tiempo, se aleja, y se acerca, y
se vuelve alejar. Tan efímero…tan real.

Las hojas secas, como en un remolino se levantan,
vuelan y se pegan al cuerpo, traspasan
la piel.

De repente, Marcela
oyó a su hija moverse entre las sábanas, dentro la casa. Dejó la ventana
entreabierta, y entró.

lunes 19 de septiembre de 2011

SED

El agua ya no alcanza a saciar la sed.